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ENTREVISTA A LA ARTISTA MARISA ORDÓÑEZ
Revista de Estudios Feministas DUODA, núm. 18, año 2000
Cristina Mompeat Núñez

Un estudio en el Paseo Maragall de Barcelona acoge el talento de una mujer nacida en la provincia de León en 1949. Una mujer que siente el arte y la vida como disfrute y aprendizaje continuo. Que tiene la sensibilidad y la autenticidad de quien se dice a si misma sin miedo, de quien vive a través de su cuerpo en constante diálogo con su obra y su entorno. Segura al mismo tiempo que vulnerable, imagino que ahí radican su fuerza y su coherencia.

El mundo para Marisa es un mundo en relación con las otras, con sus amigas, con sus alumnas en el taller y en otros lugares, con las mujeres de Dones d’Horta, con todo un tejido que ella parece trabajar con sutileza y vitalidad.

De Marisa Ordónez fluyen la atención a la otra y a la propia existencia, existencia que parece explicar de la misma forma en que esculpe la piedra, abriendo caminos en el recuerdo, que a veces parecen expresarse como nuevos.
Nací en la provincia de León aunque toda mi familia es de Asturias. Vine a Barcelona a estudiar en un colegio religioso como interna pues tenía aquí una tía que era muy religiosa. Mi hermana mayor vino a estudiar a otro colegio y, finalmente, vinieron mis padres. Mi padre había sido minero y debido a un accidente hacía tiempo que tenía la baja permanente… Estuve en el colegio como interna mucho tiempo y es algo que me ha marcado mucho.
¿Cómo empiezas a expresarte a través del dibujo, de la pintura, de la escultura…?

Siempre me gustó crear, pero de pequeña no me dejaron hacer nada porque según ciertas personas el arte no conduce a nada. Mi familia, especialmente por la parte de mi madre, es muy conservadora, religiosa y tradicional, así que cuando acabé mis estudios en el internado decidieron que debía estudiar cosas útiles y con futuro, como mecanografía, prepararme para entrar a trabajar en un despacho. Así que es precisamente cuando empiezo a trabajar cuando me matriculo en diseño y moda. Así que estudié dibujo de figurín, estampados y diseño de moda. Durante un tiempo estuve trabajando en diseños propios e intentando darles salida, así como haciendo estampados para una casa de toallas. Así que de hecho mi formación ha ido teniendo lugar en la medida en que yo he podido hacerlo por mi misma, no pudo ser académica desde el comienzo debido a mis circunstancias personales.

Del tiempo en que estudié diseño y estampación sobre ropa me queda sobre todo la línea. En aquella época todo el proceso era manual y utilizábamos pinceles, tinta china, plumilla… Cuando empecé a estudiar pintura y tomaba mis apuntes del natural con modelos, dibujaba figuras muy estilizadas y esbeltas. Recuerdo como un profesor de colorido exclamaba que dibujaba “palos” y a partir de entonces empiezo a incorporar las curvas en la figura humana.

Después estuve muchos años dedicada a la pintura realista, los típicos bodegones y paisajes, que por cierto vendía con mucha facilidad, más que ahora. Es lógico, actualmente, en el arte de vanguardia estamos trabajando muchos artistas, cada uno en su estilo, pero cuanto más marcado es tu estilo tu público se reduce pues lo que tu haces le ha de gustar a esa persona concreta.

Y mi formación ha ido ligada a mi propia necesidad, he ido encontrando mi camino en el arte paso a paso, al lado del mundo académico y integrada a mi vida.

Recuerdo cuando mis hijos eran pequeños y veraneábamos en el Cabo de Gata, entonces era un lugar muy tranquilo. Allí llevaba todas mis telas, pinturas y pinceles. Íbamos a la playa y mientras mis hijos jugaban yo pintaba. Cuando tenía una exposición a la vista preparaba el material, otras veces pintaba del natural y era habitual hacer ventas en la propia playa, vendí muchos faros del Cabo de Gata. Más adelante, cuando hemos estado con mi familia temporadas en Vacarisas, donde ahora tengo mi taller de escultura al aire libre, también organizaba exposiciones y, cómo no, vendía con mucha facilidad mis pinturas del natural, recuerdo que cuadro que pintaba de las montañas de Montserrat era cuadro vendido. Y en Barcelona, con mis hijos pequeños nos íbamos al Laberinto de Horta, al Parque de la Oreneta y allí pintaba.

Esta época duró un tiempo, pero en un momento determinado pensé que todo aquello ya no me conducía a nada y fue cuando tomé la decisión de empezar con la escultura. Me matriculé para estudiar los cinco años de carrera correspondiente. Así que entonces empezamos a ir a la escuela todos, mis hijos y yo. Lo cierto es que mi carrera junto a mis hijos ha estado llena de ayuda y comprensión. Ocurre también que a veces han estado un poco saturados de arte. Les he hecho vivir mucho mi trabajo porque era la manera en que podía compaginarlo con el cuidado que les debía y quería prestar a ellos. Cuando venía al estudio también me los traía y ellos hacían los deberes mientras yo dibujaba y pintaba. Recuerdo que cuando fue el centenario de Picasso, mis hijos eran muy pequeños, y los llevé a la exposición, por el camino de vuelta a casa mi hijo encontró a un amigo y le preguntó de donde venía, “de ver a Picasso” contestó él, y el otro niño preguntó qué era Picasso. Esta anécdota la recuerdo muy bien, los niños adquieren en gran parte el ambiente en el que viven, así que mis hijos tuvieron un bagaje cultural que no tenían sus compañeros de colegio.

El cambio a la escultura fue una evolución. Igual que en todos los aspectos de la vida se va evolucionando, en el arte, como un aspecto más, también sucede lo mismo. Yo tengo mucho de mi signo del zodíaco, Tauro, “sin prisa pero sin pausa”, paso a paso. De pronto, llega un momento en el cual surge la necesidad de llenar algo más que no se está llenando con lo que ya estás haciendo. Así que empiezo a estudiar escultura como una necesidad de probar algo más que me llenara.

Y con la escultura descubro todo un mundo. El contacto con el barro me gusta pero no me entusiasma. Tengo las ideas muy claras desde el principio y se por donde quiero ir. Esto me dió un estilo muy marcado, circunstancia que me ocasionó dificultades con los profesores. Es entonces cuando descubro las vanguardias y todo un mundo que me apasiona, cada nueva obra que hago la enfoco hacia una vanguardia para tener un conocimiento más amplio de la escultura contemporánea. Es una época en la que me hago con mucho bagaje…

Y por fin descubro la piedra. En el taller había un bloque de forma ovalada que nadie quería y les pedí que me dejaran trabajarlo, no había trabajado nunca la piedra y se resistieron un poco, pero después de hacer unos bocetos en barro y coger la piedra directamente descubrí que aquel era mi material, sentí una gran emoción y bienestar. De aquella piedra salió una cara muy espiritual con reminiscencias góticas.

El aprendizaje más académico te enseña a hacer los bocetos en barro y pasar los puntos a la piedra. En el momento en que empiezo a trabajar por mi cuenta al principio sigo con esos pasos pero un día, trabajando con un mármol, de pronto se rompe por una parte que no estaba prevista, algo bastante habitual por otro lado, y descubres el azar en el arte del que siempre has oído hablar y a la vez descubres que ese azar te ha sucedido a ti y que el resultado de ese azar es más bonito que la realidad que estas intentando reflejar. Este hecho me hizo consciente, me abrió un camino, me ofrecí a mi misma toda la libertad de expresión. Es a partir de este momento también en el que decido dejar de trabajar con bocetos y hacerlo directamente sobre la piedra, a excepción de encargos para los cuales es necesario un boceto para mostrar al cliente. Así pues, trabajo en base a una idea, a una poesía, sobre un personaje concreto o sobre un concepto previo. Siempre, cuando trabajo para mi y estoy sola frente al bloque trabajo en talla directa, se establece un lenguaje entre mi, la piedra y las herramientas, que me entusiasman por la misma riqueza y agilidad que aportan a ese lenguaje.
Para Marisa Ordóñez todo en escultura es una elección, las herramientas que trabaja, el tema que ha escogido, el cuerpo básicamente femenino de sus obras.

Yo trabajo sobre el cuerpo humano, el cuerpo tiene un lenguaje principal e importante y no necesita una cara para decirse. Así, normalmente, cuando quiero trabajar con caras lo hago con independencia de cuerpos, tengo un amplio trabajo con máscaras, por ejemplo. Así, trabajando el cuerpo busco elementos que me acerquen a mi concepto previo, en el caso de la escultura que hice de Frida Kahlo, además de documentarme profundamente, me fijé en una de sus obras “La columna rota” (1944). De ahí las cejas juntas, la figura estática y encorsetada de mi escultura, la peana sobre la que reposa la misma, que esta confeccionada con copias del diario de Frida Kahlo, forman un todo.
Además de la riqueza del cuerpo femenino que no necesita caras para decirse, además del lenguaje que se establece entre tu, las herramientas de trabajo y la piedra, también está ahí, presente y en diálogo tu propio cuerpo…

Pues si, supongo que mi cuerpo es el que tiene también que decirse y entra en el juego de muchas maneras. A algunas clientas y también a alumnas del taller les sorprenden las figuras de mis obras, tanto en escultura como en pintura, les gustan y las ven atrevidas, pero yo no veo el atrevimiento, sencillamente se muestran. La opinión de los hombres suele ser distinta, alguno ha llegado a decirme que mis figuras femeninas “ocupan demasiado”, que tienen demasiada fuerza, demasiada potencia y presencia.

Y porqué trabajo el cuerpo femenino… la primera vez que me encontré con esta pregunta fue en una exposición en Galicia, hace años, y pienso que todas las modelos que posan en general son mujeres y de mujeres son mis primeros apuntes. Más tarde soy consciente de que es una elección, soy mujer, conozco mejor el cuerpo femenino y me expreso mejor desde él creando otros cuerpos de mujer. El trabajo sobre el cuerpo femenino no tiene fin, tanto a nivel estético como expresivo como creativo, es un tema inagotable. Aunque mi cuerpo no esté reflejado conscientemente en ninguna de mis obras supongo que se dice en cada una de ellas, pues el propio cuerpo es el que más conocemos.
Tu firma es un tanto singular, la O de tu apellido envuelve la M de tu nombre…

Si. Lo cierto es que empecé a firmar mis obras solo con el apellido, Ordóñez, creo que todavía no quería mostrarme como escultora. Ahora es muy distinto. También recuerdo que al principio sentía un rechazo hacia el tema de las maternidades, era una negación consciente. Más tarde y ahora si esculpo maternidades y son figuras envolventes, en las que madre y criatura se funden. Todo es una evolución. A veces tomas actitudes conscientes, otras veces de manera inconsciente… Mis figuras femeninas suelen tener el rostro levantado, mirando hacia arriba y las formas son redondeadas. Cuando esculpo una cabeza masculina, que sucede raras veces, el craneo el liso, oblicuo, cortado.
El entusiasmo por la piedra como material surge de nuevo…

Definitivamente, el material con el que me siento más cómoda es la piedra. En el diálogo que establezco con ella, ella misma me ayuda, me sugiere nuevas formas con los cortes que se abren, que una hace. Cada obra que hago en piedra es una pieza única e irrepetible. Es de una ductilidad fascinante, es un material muy especial, aunque a nivel comercial el público prefiera el bronce.
Y la escultura le lleva de nuevo a la pintura

…después de trabajar mucho tiempo en escultura, tiempo en el que abandono la pintura, finalmente vuelvo a ella, pero mi relación con ella y mi obra ya no tienen nada que ver con la de los primeros tiempos. Recupero la pintura a través de la escultura. Pero algo que nunca he abandonado es el dibujo del cuerpo humano, el apunte de modelos del natural o cualquier otra expresión. Ahora mis figuras en pintura son redondas, cultivan el cuerpo, siento que es lo que tengo que hacer.
El lugar en el que vives quizás influye en tu obra…

Los distintos lugares y la gente diferente motiva y sugiere mi obra pero yo siento la fuerza de una idea propia que es la que trabajo siempre. Me viene a la mente Matisse, la gente solía imaginarlo a través de su obra como un bohemio cuando en realidad era un hombre casado, de posición asentada, con su estudio en Niza bien establecido. La gente se sorprendía y el solía contestar que no todos los artistas tenían porque sentir los deseos de conocer los Mares del Sur. Realmente pienso que no siempre necesitas conocer el exotismo, con el mundo interior propio y el que una tiene a su alrededor ya es suficiente. Hace años tuve una propuesta para ir un año a Nueva York e introducirme en su mundo artístico, pero en aquel momento ya tenía a mis hijos que son de lo más importante en mi vida, y siempre me ha gustado compaginar mi trabajo con mis amigos, mi familia y mis ambientes cotidianos. Podía haberme marchado y romper con todo, priorizando mi profesión, pero siempre he estado en contra de adoptar una actitud masculina, siempre he pensado que si las mujeres hemos de hacer cosas en la vida ha de ser precisamente como mujeres, de otra forma el mundo no cambiará. Además el mundo del arte es arriesgado, y creo que a mi no me gusta el riesgo.
Quizás yo diría que has preferido vivir un riesgo interior, no es necesario ir a Nueva York para ponerte en juego…

Desde luego y la vida está llena de experiencias que te transforman.
Hay también un mundo que pareces haber potenciado y del que te enriqueces tanto tú como tu obra, las relaciones entre mujeres, tu trabajo con las Dones d’Horta…

La vida también te lleva y a mi me llevó hace años a una exposición al Centro Cívico Matas i Ramis de Horta a través de una alumna que tenía aquí en el taller. Ella tomaba clases de gimnasia en el Centro y les habló de mi y de mis esculturas. Nunca habían organizado una exposición de escultura y me propusieron una primera exposición. Me hablaron entonces de que se estaba creando un grupo de mujeres y me propusieron formar parte. Me pareció una idea interesante y empezó el trabajo. Empecé con los talleres de pintura y enseguida les propuse, y se llevó a cabo, una exposición de mis esculturas, que tenía como protagonista a la mujer, a raíz de la cual nació el primer FeminArt, que cada mes de marzo organizamos desde entonces, una exposición de artes plásticas vinculada al mundo femenino.

Implicarte en un grupo de mujeres también hace crecer tu sensibilidad y me di cuenta de que ya llevaba tiempo haciendo mi propia “revolución” como mujer, llevaba tiempo haciendo cosas que a las mujeres les interesaban especialmente, les llegaban. Nuestra idea era crear un grupo de trayectoria distinta a otros grupos de mujeres de barrio, queríamos y queremos crear inquietud, tratar temas profundos. Nos ha interesado siempre la diversidad cultural y hemos organizado encuentros y actividades diversas en relación con grupos marroquíes, del África Subsahariana, con filipinos, con Latinoamérica… Nos enriquecíamos sin movermos de Barcelona. Yo además me enriquecía para mi trabajo.
Eres una de las promotoras del último FeminArt “Mans de Dones”… ¿cómo surge la idea?

Es una de las diversas ideas que tengo y que en este caso he podido llevar a la práctica. En un principio pensaba mostrar en una exposición fotográfica manos de artistas trabajando tanto en su “arte” como en sus momentos más íntimos, después la idea evolucionó y quería mostrar manos de mujeres en su actividad laboral y las mismas manos en una actividad íntima. La idea tuvo gran aceptación y entusiasmo y también se implicó la Concejala del Distrito, que es mujer. Así que todas nos pusimos “manos a la obra” para buscar a las mujeres protagonistas, una policía, una profesora, una comadrona, una ceramista… y a las fotógrafas que tenían que captar las imágenes. Algunas fotografias fueron fruto de todo un proceso, como las manos de la comadrona, una manos que han dado la vida a lo largo de los años y ahora ya reposan, ancianas y tranquilas, sobre sus rodillas. Representó mucho trabajo pero ha valido la pena. Quizás ahora pueda convertirse en una exposición itinerante, por ahora es un proyecto.
Y los talleres de pintura en el Centro Cívico…

Me han enseñado más de lo que nunca hubiera imaginado. Me han servido muchísimo para descubrir como la pintura hace crecer la inquietud en algunas mujeres. Pues la pintura ocupa tu mente y te acentúa la sensibilidad, la apreciación por el color, por la imagen, por la capacidad de observación, despierta sensaciones de muchos tipos. Estas mujeres, la mayoría amas de casa, descubren su propia potencia, como son capaces de crear, además de lo ya creado, algo bello, que es reconocido como tal, con sus propias manos. Toman un valor y un estímulo nuevos.

También organizamos salidas a museos y a exposiciones y son muy desinhibidas interpretando las obras de arte. Se les despierta una nueva mirada, se enriquecen y me enriquecen a mi. Tanto las clases como las salidas, la relación con ellas, es un compartir.
Y tus proyectos para el futuro…

Como siempre tengo varias cosas entre manos. Un proyecto de futuro bebe de una relación empezada a trabajar en el pasado con Milagros Rivera. Después de la exposición que hice en la Llibreria Pròleg, Milagros me llamó preguntándome por una escultura en mármol blanco que había visto en otro lugar “Dejadme aún soñar” y para la que yo había escrito un texto que a Milagros le hizo pensar en María Zambrano. A partir de entonces empiezo a leer a Zambrano y me emociono con sus textos. Así que ahora estoy trabajando en una idea para una exposición de esculturas basada en sus textos, quizás aprovechando el centenario de su nacimiento en el año 2004.

Después, algo muy bello que me ha sucedido con Milagros es que ha sabido poner palabras a mis esculturas, a mi obra, es emocionante que sus palabras digan lo que yo siento en relación con mis obras.

También expongo este próximo mes de agosto en una iglesia. Esculturas pensadas para un espacio concreto. Con peanas también pensadas e integradas con la escultura, buscando una unidad de obra, con el cuerpo femenino como protagonista. A la manera de la que tuve en la Galeria d’Art Contemporani Maria Villalba i Badia, en Sant Feliu de Guixols, cada peana que sostenía cada escultura se acompañaba de una frase de Gioconda Belli.

De forma más inmediata tengo un encargo para las fiestas de Gerona, para exponer una escultura de gran tamaño en unos jardines en ocasión de la Fiesta de las Flores.
Y ante un te generosamente preparado y compartido aún unas últimas reflexiones…

La vida como escultora es dura, es un trabajo físico y mental constante, que penetra en toda tu vida, siempre estoy buscando ideas, textos… dedico toda mi vida, todo sirve para mi trabajo, son las veinticuatro horas. Y a veces he sentido que no se me tomaba en serio y que se trivializaba mi dedicación al arte en algunos círculos sociales cercanos.

Las vanguardias artísticas de principios de siglo fueron tan rápidas, tan rompedoras, tenían tanto por descubrir y descubrían tanto que se quedaron muchas cosas por trabajar, abrieron todo un campo de posibilidades que están ahí. En arte, siempre quedan espacios abiertos por trabajar que aunamos con lo que sentimos en nuestro tiempo y en nuestra cultura y con todo nuestro bagaje.

No es fácil ser coherente, seguir una evolución propia, mucha gente se ha perdido por el camino, los artistas buscan a veces por buscar, más hacia fuera, pensando en lo que está de moda, en lo que se vende más fácil, y se han perdido. Es más dificultoso pero más coherente evolucionar ligada a tu necesidad interior, siguiendo tu propio impulso.
NOTA

Quisiera dar las gracias en primer lugar a Marisa, por su generosidad y su disposición. También a todas mis relaciones y, especialmente en esta ocasión, a Rosa Rabaneda, a María-Milagros Rivera y a Remei Arnaus. Sin su atención de mi no habría podido realizar esta entrevista.